Francisco J. Molins Robles

Dec 1992 // Saldán, Córdoba, ARG



Mi padre, Rubén; mi madre, Silvia; y mi hermana, Clara, esperaban con ilusión mi nacimiento en una bella y pequeña casita de cuentos. Parece un cliché, pero así fue. Tuve una infancia cargada de arte, magia, sueños y aprendizajes que me permitieron recorrer un camino lleno de vivencias, aventuras y desafíos que, al día de hoy, llevo en mi interior. La música, la danza y algunas artes gráficas siempre estuvieron presentes en mi vida. Incluso mi padre ha sido un apasionado de la fotografía desde siempre.


Así fue como, a mis 15 años, tuve mi primera cámara en las manos gracias a mi papá y su pasión y curiosidad. Era una pequeña cámara Olympus digital con un enfoque súper macro que era maravilloso, a la que muy rápidamente le siguió una Pentax de película. Sin darme cuenta, ya estaba completamente enamorado de las cámaras y de la capacidad de crear imágenes de la realidad que yo vivía, de descubrir cómo mostrarle al mundo lo que mis ojos ven y cómo lo ven.


Los siguientes diez años fueron pura experimentación y capacitación en todos los rubros y nichos posibles, ya que la voracidad por aprender era inmensa. Lograr dominar un instrumento tan complejo y lleno de funciones es un camino delicioso, desafiante y satisfactorio. Puedo decir que observar la luz y sus comportamientos es uno de mis mayores placeres, además del ejercicio fotográfico más cotidiano que realizo.


Luego están las emociones, lo dinámico, la vida. He observado durante años cómo la combinación entre la luz y nuestro mundo emocional nos devuelve un universo cargado de matices, posiblemente registrables en imágenes tanto fotográficas como audiovisuales. Estas imágenes pueden evocar una resonancia en nuestro interior, incluso sin haber vivido esa experiencia, y aún más profundamente cuando eres el protagonista de esa imagen.


En mi historia junto a mis cámaras, me he permitido estar en todas las posiciones: dentro de ellas, frente a ellas, junto a ellas e incluso lejos de ellas. Al igual que en el vínculo que tiene un músico con su instrumento, la cámara me ha enseñado algo diferente en cada instancia. No concibo mi camino sin una cámara en mi vida. Elijo una vida llena de fotografía.